CHILE

mucho calor cruzamos la
Cordillera de los Andes por Las Cuevas, donde nos encontramos con las nieves
eternas y paramos en el hotel de Portillo a comer.
Llegamos a Villa del Mar, y alquilamos una cabaña una semana en Reñaca,
muy cerca de la playa. Ahí disfrutamos de los días soleados, las playas
hermosas y el agua helada del Pacífico, el cual es imposible bañarse. También
aprovechamos a pasear hasta Concón, Zapallar y Papudo y sobre todo descansar y
hacer una vida tranquila.
Pucón
es una pequeña villa rodeada de lagos, bosques y al pié del volcán Villarrica,
el cual tiene 2.900 metros de altura, con nieves eternas en la cumbre y
permanente humo que no se sabe nunca cuándo se
va a despertar.
En invierno es un centro de esquí, y en verano se puede escalar y explorar dentro de sus galerías en compañía de guías locales.
Otra gran atracción de Pucón es poder hacer Rafting por el río Trancura, con muchos saltos y agua helada. Te proveen de cascos, trajes de neopreno y chaquetas impermeables, pero es imposible el no mojarte y helarte con el agua del río que es de deshielo.
También recorrimos el Lago Caburgua, que está a 25 km de Pucón y presenta unas excelentes playas de origen volcánico en donde se encuentran los "Ojos del Caburgua", que corresponden a hermosas caídas de agua con un color calipso impresionante llamados Salto de la China, y no por la que está sentada al lado de la cascada.
Luego
continuamos viaje hacia el sur por la carretera 5 hasta Puerto Montt, última
ciudad de la carrtera y ciudad típicamente portuaria de pescadores
.
Desde ahí fuimos a las termas de Peyehue donde nos bañamos con agua caliente al lado de la nieve.
Al otro día cruzamos con el trasbordador hasta la Isla Grande de Chiloé, y visitamos las ciudades de Ancud y Castro.
Toda
la isla es de pescadores y la gente conserva los rasgos de la raza típica, sin
haberse mezclado con el resto de la población. Las casas están construidas
sobre pilotes de madera sobre el agua (Palafitos) para no pagar los impuestos
que deberían pagar en tierra
firme.
Para
volver a la Argentina, regresamos por el Lago Espejo y lago Esmeralda. Llegamos
con el coche hasta donde se acaba la carretera y luego cruzamos los lagos con
otro trasbordador hasta Villa la Angostura, del lado Argentino. En el lago
Esmeralda, que se llama así por su color, el agua es tan transparente que los
barcos parecen flotar en el aire.
En
Villa la Angostura paramos a comer en el Hotel Internacional y luego fuimos a
dormir a San Carlos de Bariloche. Al día siguiente ya partimos hacia a Santa
Fe, donde retornamos no solo al trabajo, sino también al calor del verano
Santafecino.